Epifanía

reyes buenosQué felicidad cuando cocinas, cuando te entretienes con el móvil sine die, cuando duermes (esa es la cumbre) o cuando atraviesas la puerta para hacer una fotografía que siempre son dos o tres – clics o mentiras- y qué más da, si ya no pregunto porque tu retraso

es

mi religión.

 

Señor,

perdóname porque he pecado.

 

He soñado

(despierta) tu muerte.

 

Me he vestido de asesina incluso:

cocinera torpe ( con cristalitos y venenos varios),

kamikaze (un lamentable y terrible accidente),

o de psicópata (estado transitorio de enajenación mental).

 

Tengo las manos sucias y los pies afligidos, y esa cara,

esa maldita cara poblada de ideaciones suicidas porque todo es un pasar,

un visionado estático de amaneceres y lluvias y buenas tardes,

no te quiero.

 

He viajado en la máquina del tiempo.

¿Por qué me ofreciste aquella beca? ¿Qué ocurrió para dejarte entrar como una hormiguita? ¿Por qué me casé contigo?¿ Por qué coño lo hice?

 

Me he masturbado cientos de veces pensando en otros.

 

A alguien confesé alguna vez-gin tonic en mano-

que me lo montaría antes con un perro que contigo.

 

Me siento una mala persona.

 

Porque soy mujer ya sabes, la culpa, el peso de la tradición judeo -cristiana y todo eso.

Porque esta noche

subiremos al coche (ella la mala, y yo)

para volver hacerlo otra vez.

Pisar el acelerador, ponerme el delantal y coger un cuchillo o una catana.

 

Amén.

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